martes, 11 de enero de 2011

París

Hace un año día arriba día abajo regresaba a París para pasar mis dos últimos meses, con todos los grandes cabos casi atados y dispuesto a vivir con toda la calma que me robaron los primeros meses. No tenía ganas de volver.

No fue hace mucho tiempo, nada, un año pero lo recuerdo todo con una frescura inaudita en la memoria de mis últimos años donde solamente cosas muy puntuales se me han quedado grabadas de tal forma que todavía me rozan.

Recuerdo perfectamente mi primer día de clase, mis bajadas al supermercado perfectamente programadas, la mesa vacía de mi celda en la que estudiaba, dónde tenía que colocar la cabeza en esa almohada deformada para poder conciliar el sueño, mi rutina de pasos para poder ducharme sin ensuciar el suelo entrando y saliendo de ese pequeñísimo cuarto de baño. Recuerdo perfectamente la vista a través de mi ventana y la sensación de desamparo absoluta de algunas mañanas.

Me he curado con los años de mi masoquismo gratuito así que estoy muy perdido, o quizá no tanto aunque no quiera volver a mirarlo a la cara, intentado descubrir qué es lo que echo tanto de menos de aquellos meses, tanto los agobiantes en los que no tenía tiempo para respirar como la parte final en la que me sentaba en esa banqueta igual que paseaba día tras día por las orillas del Sena, como el que se tira encima de la cama agotado sin casi poder abrir los ojos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario