El primero que se pregunta qué es esto soy yo así que nada de porqués. Supongo que un punteo de guitarra junto con un par de frases leídas aquí y allá durante los últimos días.
El otro día, gracias a otra persona me di cuenta de que recuerdo muchas cosas con gran detalle, o lo que es gran detalle para una persona que tiene mala memoria. Mi mala memoria ha aflorado en los últimos tiempos, la buena hizo el atillo y se fue de vacaciones con los tiempos agradables hace ya casi una década. La mente es inteligente y en lugar de recordar con precisión las malas épocas, prefiere hacer un espesísimo batido sin forma de todas ellas. Están los momentos puntuales de dolor, esos se recordarán siempre vivamente, dadle las gracias a nuestra amígdala cerebral, zona primitiva y escondida que por mantenernos vivos como especie al mismo tiempo nos mantiene jodidos como individuos. Luego dicen que la evolución es portentosa, maldita chapuza de los cojones que es todo. Está claro que entre la panda de Creacionistas no hay ningún ingeniero.
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Eso de ahí arriba lo escribí hace tres semanas más o menos, en esta misma caja de texto pero no recuerdo por qué tuve que abortar la misión y dejarlo para otro momento. Supongo que los buenos ratos de soledad son los adecuados, como éste en el que mis queridos padres están fuera cazando el mamut mientras yo miro viejas fotos que siempre parecerán nuevas al presentarse en una pantalla de ordenador, me pongo a Sinatra y me dedico a echar de menos Nueva York. Una vez más.
Estoy acelerado, en un momento de esos de puños cerrados y ganas de hacer cosas. Esos en los que las hojas que se ven desde la ventan del salón resplandecen más de lo normal y todo parece más nítido. Culpa del rico café, Sinatra y el dolor de la pierna. Es tan simple como eso. Ese momento va a durar minutos escasos, no estoy hablando de etapas vitales en plan libro de autoayuda (peroquéascopordios) sino de ahora mismo en este instante: ¡bang bang! y luego humo, silencio y vuelta al cansancio perpetuo.
Vengo a anunciar que vuelvo a cagarme en la puta madre de todo Dios. Será con irregularidad pero con la misma fuerza que cuando estaba en París. El mundo gira y yo bailo sobre él, quizá dentro de uno o dos años esté en otro lugar maldiciendo otro idioma ajeno a mis neuronas o quizá esté haciendo muñecos vudú de mi nuevo vecino de arriba, yo qué sé. Lo que sí sé es que si algo no va a cambiar es el cabreo crónico que me produce todo lo que está fuera de mi piel. Cada uno elige su combustible y ése es el mío. El día que piense "estoy bien" mientras me tomo un cubata en una tumbona a rayas al borde de un acantilado que acaba en la playa de un pueblecito perdido del Mediterráneo, ese día palmaré con una sonrisa más grande que la de Mortadelo. Estiraré mi corta pata y al mundo lo partirá un rayo.
P.S: Sí, ya sé que con este fondo, en el cambio de color hay una o dos líneas que no se leen bien. Ésta es mi respuesta:
El otro día, gracias a otra persona me di cuenta de que recuerdo muchas cosas con gran detalle, o lo que es gran detalle para una persona que tiene mala memoria. Mi mala memoria ha aflorado en los últimos tiempos, la buena hizo el atillo y se fue de vacaciones con los tiempos agradables hace ya casi una década. La mente es inteligente y en lugar de recordar con precisión las malas épocas, prefiere hacer un espesísimo batido sin forma de todas ellas. Están los momentos puntuales de dolor, esos se recordarán siempre vivamente, dadle las gracias a nuestra amígdala cerebral, zona primitiva y escondida que por mantenernos vivos como especie al mismo tiempo nos mantiene jodidos como individuos. Luego dicen que la evolución es portentosa, maldita chapuza de los cojones que es todo. Está claro que entre la panda de Creacionistas no hay ningún ingeniero.
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Eso de ahí arriba lo escribí hace tres semanas más o menos, en esta misma caja de texto pero no recuerdo por qué tuve que abortar la misión y dejarlo para otro momento. Supongo que los buenos ratos de soledad son los adecuados, como éste en el que mis queridos padres están fuera cazando el mamut mientras yo miro viejas fotos que siempre parecerán nuevas al presentarse en una pantalla de ordenador, me pongo a Sinatra y me dedico a echar de menos Nueva York. Una vez más.
Estoy acelerado, en un momento de esos de puños cerrados y ganas de hacer cosas. Esos en los que las hojas que se ven desde la ventan del salón resplandecen más de lo normal y todo parece más nítido. Culpa del rico café, Sinatra y el dolor de la pierna. Es tan simple como eso. Ese momento va a durar minutos escasos, no estoy hablando de etapas vitales en plan libro de autoayuda (peroquéascopordios) sino de ahora mismo en este instante: ¡bang bang! y luego humo, silencio y vuelta al cansancio perpetuo.
Vengo a anunciar que vuelvo a cagarme en la puta madre de todo Dios. Será con irregularidad pero con la misma fuerza que cuando estaba en París. El mundo gira y yo bailo sobre él, quizá dentro de uno o dos años esté en otro lugar maldiciendo otro idioma ajeno a mis neuronas o quizá esté haciendo muñecos vudú de mi nuevo vecino de arriba, yo qué sé. Lo que sí sé es que si algo no va a cambiar es el cabreo crónico que me produce todo lo que está fuera de mi piel. Cada uno elige su combustible y ése es el mío. El día que piense "estoy bien" mientras me tomo un cubata en una tumbona a rayas al borde de un acantilado que acaba en la playa de un pueblecito perdido del Mediterráneo, ese día palmaré con una sonrisa más grande que la de Mortadelo. Estiraré mi corta pata y al mundo lo partirá un rayo.
P.S: Sí, ya sé que con este fondo, en el cambio de color hay una o dos líneas que no se leen bien. Ésta es mi respuesta:
y como lo hago para seguir esta paguina?
ResponderEliminarPues no lo sé.
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